Hábitos y Memoria

[Alexander Worner]

En primer lugar, me impresionó mucho el ejemplo con el que parte el libro. Se trata de la historia de Eugene Pauly, un hombre de 71 años que perdió el lóbulo temporal medial de su cerebro. El resto del cerebro de Eugene permaneció perfectamente intacto y no tuvo ningún problema en recordar nada que ocurriera antes de 1960, pero sufrió una pérdida total de memoria a corto plazo, incapaz de retener el conocimiento de cualquier evento nuevo por más de un minuto, repitiendo constantemente palabras y acciones de un minuto antes. Eugene no recordaba a sus nietos y ni siquiera podía decirle dónde estaba su cocina o su dormitorio, incluso cuando estaba sentado en su propia casa.

Sin embargo, en un esfuerzo por asegurarse de que Eugene hiciera algo de ejercicio, su esposa había comenzado a darle un paseo por la cuadra cada día. Un día Eugene desapareció, para aparecer sólo 15 minutos más tarde después de tomar el paseo por sí mismo. No podía dibujar un mapa de su cuadra ni siquiera decir dónde estaba su casa, pero empezó a dar la misma caminata todos los días. Eugene había demostrado lo que los científicos habían sospechado pero nunca antes probado: que los hábitos se forman y funcionan totalmente por separado de la parte del cerebro responsable de la memoria. Pruebas posteriores confirmaron que aprendemos y hacemos elecciones inconscientes sin tener que recordar nada sobre la lección o la toma de decisiones.

El ejemplo me hizo mucho sentido, porque a mi me pasan cosas parecidas. Tenemos hábitos tan internalizados que después de realizarlos uno ni siquiera se acuerda de haberlos hecho. Por ejemplo, al salir de la casa ya estoy habitado a cerrar con llave. Esta acción la realizo inconscientemente, por lo que muchas veces, minutos después de haber salido de mi casa, pienso que se me olvidó cerrar la casa con llave, ya que no tengo recuerdo de haberlo hecho. Siempre termino dándome media vuelta para revisar y darme cuenta que efectivamente sí la había cerrado con llave.

Habiendo visto este ejemplo, veremos cómo funcionan los hábitos. Son 3 pasos:

  1. Señal: Un gatillo que le dice a su cerebro para entrar en modo automático, y qué rutina de usar.
  2. Rutina: Comportamiento físico, mental o emocional que sigue la señal.
  3. Recompensa: Un estímulo positivo que le dice a su cerebro que la rutina funciona bien y que vale la pena recordar.

Simplemente entender cómo los hábitos trabajan hace mucho más fácil controlarlos. Al aprender a observar las señales y las recompensas, podemos cambiar las rutinas.

Lo más importante es que el hábito sólo se forma cuando el cerebro comienza a anticipar y anhelar la recompensa en el momento en que se introduce la señal, antes de que la rutina se complete. Las empresas hoy en día saben de esto y se aprovechan. Se menciona el ejemplo de un desodorante ambiental de P&G. Se trataba de un desodorante que cada cierto tiempo liberaba olor. Sin embargo, las ventas se dispararon cuando hicieron que el desodorante fuera parte del hábito de la limpieza.

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