Hábitos, hábitos, hábitos,…

Lo primero que pensé cuando nos hablaron sobre “The power of habit” es que sería algo similar al desafío de los 21 días que hicimos en mentalidad. Me di cuenta que era mucho más, porque, a diferencia del desafío de los 21 días, este libro se fundamenta en una base científica (los experimentos con las ratas y los niños [separado]) y logra dar instrucciones concretas para poder crear un hábito.

Lo primero que me llamó la atención fueron estos tres elementos del hábito, que nunca había considerado. El hecho de poseer un cue al inicio predispone a tu mente a hacer el hábito, mientras que el premio al final la incita a formar el hábito en primer lugar. Me llamó la atención que la actividad cerebral disminuya al realizar una acción cuando el hábito ya está formado, ya que es una idea bastante atractiva. Soy una persona a la que le cuesta mucho sentarse a estudiar, por lo que creo que probaré este método para hacerme el hábito.

En segundo lugar, me gustó cómo los experimentos con ratas y con niños se pueden extrapolar a personas adultas. Estoy dilucidando la teoría de que todo lo complejo se compone de elementos más simples, y me gusta que un modelo tan simple (cue-habit-regard) pueda gobernar el 40% de las actividades de nuestro día (y con ello, una parte importante de nuestra vida). Encuentro medio fascinante que las reglas de la fisicoquímica de mantener un estado de baja energía también se cumplan para elementos macro como el cerebro y su actividad.

Por otro lado, “Hooked” es un libro que profundiza el análisis de los hábitos y enseña cómo usarlos en el diseño de la experiencia del usuario con tu producto. El mismo hecho de investigar este libro seguido del anterior fue un viaje de usuario: primero ser consciente del poder de los hábitos, para luego darme cuenta de cómo lo han utilizado para que consuma tecnología. Debo admitir que fue medio creepy darme cuenta de cómo somos literalmente pescados por cada una de nuestras redes sociales, por lo que esperé con ansias la excusa del autor para usar este conocimiento y no hacer una falta de ética. Concuerdo con el autor en que enseñar esto a las personas les permite liberarse de hábitos no deseados, pero soy más dubitativa respecto a que lo sigamos usando porque el uso de nuestro producto puede hacer vidas mejores. Considero que para estar seguros de eso hay que conocer al 100% al usuario, de modo de saber con toda seguridad lo que puede hacerle daño (y usarlo con justicia).

Luego de decir esto, creo que los pasos que da el libro para la formación de un hábito son muy útiles para los emprendedores. En nuestro caso, por ejemplo, el usuario podría mostrarse reacio a cambiar a una nueva tecnología que mejoraría su calidad de vida, por lo que pensar bien la experiencia del usuario podría ayudar a que lo pruebe en un principio. Como un fertilizante no tiene el potencial neto de desarrollar una dependencia a lo obsesión, no corremos el peligro de producir daño. Es más, el crear un hábito del uso de fertilizante líquido puede significar una mejoría importante en la producción y ganancia neta de los agricultores. Solo hay que pensar bien qué triggers externos producirán triggers internos, cuáles serán y cómo mostrar los beneficios de modo que sea obvio que es un premio. Probablemente se vaya a mi lista de libros que leer en invierno.

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