El ciclo del emprendedor

A través de la historia siempre se han podido distinguir dos tipos de cambio. Los paulatinos y los radicales. No sólo se diferencian por cuánto tiempo demoraron si no que presentan características que hacen que sus implicancias no sean comparables. Con esto me refiero a la comparación que realiza Peter Thiel en su libro, Zero to One, donde compara los cambios incrementales con la generación de soluciones nuevas. No basta con que existan cambios incrementales, estos mejoran la situación, pero se llega a un punto en el que las mejoras son casi despreciables. Es por esto que las Start-ups han revolucionado la manera en que nos acercamos al futuro.

Estas entidades nacen con una idea, pero una idea que no se puede implementar dentro de una organización o empresa ya existente (porque está fuera del consentimiento e interés de la organización) y que además apasionan a quién las esté usando y que incite a crear una compañía, como señala Dustin Moskovits en su blog Good and Bad reasons to become an Entrepreneur. Porque el costo de emprender con una idea requiere sacrificio, contrario a la imagen que se pueda tener de un emprendedor dada la cantidad de mitos alrededor del emprendimiento que aseguran que una buena idea conlleva al éxito seguro.

El primer paso es lograr dar con una buena idea. Probablemente antes de la buena idea haya frustración, impotencia de no sentir que se logra un aporte, pero se puede visualizar desde dos perspectivas, o como dice Carol Dweck; desde dos tipos de mindsets. Con un mindset fijo posiblemente no lleguemos ni siquiera a formular una idea. Se requiere un mindset de crecimiento para ser proactivos a empoderarnos y sentir que las cosas se pueden cambiar. Además, nos predispone a no caer en la amargura y sentirnos desafiados al momento de fracasar.

Altucher nos llama a ser superhéroes generadores de ideas de valor a través de la práctica constante. Logrando entrenar el músculo de la creatividad y que esté preparado para los momentos en que se necesite. Asimismo, Paul Graham propone que para tener una idea perfecta debemos ser el tipo que piensa en ideas perfectas. No tanto énfasis en el resultado, pero sí en el proceso, o que el proceso esté asegurado.

De la idea al producto se debe tomar en cuenta un diseño de prototipo de este, y de realizar un producto mínimo viable con el fin de encontrar problemas que no se pueden observar desde la teoría y sin los costos y detalles que implica llevar una idea a la realidad. Finalmente, una idea es una hipótesis, basada en insights que cubren oportunidades donde se genera valor. El prototipo prueba la validez de los supuestos que tomamos al formular la hipótesis. Vladimir Blagojevic nos muestra cómo, según el tipo de3 necesidad que queremos cubrir y características como costos fijos del primer producto, escalabilidad o nivel de desarrollo, se pueden desarrollar distintos modelos de productos mínimos viables. Además, concluye, y comparte con Graham esta visión, que el producto se desarrolla y define mejor con pequeños experimentos. Que vayan de a poco validando y que evita correr el riesgo de perder mucho capital por tener un producto mal enfocado. Y Graham es repetitivo en cuanto a esto; brindar a los usuarios una experiencia y atención excepcional. Que se puede aprovechar esto al inicio, ya que podemos dedicar tiempo a cada uno de los usuarios. Permite lograr un producto ajustado a los problemas de estos usuarios y que luego de su funcionamiento en ese nivel, se comience a malear para abarcar otros usuarios vecinos de los iniciales.

Y aquí recae la importancia que muchos autores le dan a los startups que incluyen ideas nuevas: la entrada a un mercado nuevo; esto significa que estamos entrando a un mercado sin competencia, en forma de monopolio. Llegar desde donde no había nada hasta donde ahora hay algo. Ahora el tema es solo escalar para crecer y desarrollar el potencial de la idea. El desarrollo de clientes es igual de importante que el del producto, y quizás más. Ya que es la única forma de medir si es que la solución está siendo un aporte o no. El prototipo validó la existencia de los clientes, pero el producto y su proceso de escala creará a los verdaderos clientes que comenzarán a sustentar el emprendimiento.

Pero no termina aquí, Thiel señala que lo último es prestarle importancia a la protección del monopolio. Que se aventaje de la competencia descaradamente (x10) y que posean los mecanismos que obstaculicen la puesta en escena de otros productos.

¿Y finalmente estamos satisfechos? Creo que todo esto es un viaje, un viaje de contribución al desarrollo de la humanidad a través de un cambio radical (o no obvio) que desafía el statu quo existente y del que finalmente obtenemos un aprendizaje. Al verdadero emprendedor no le interesa descansar en el colchón de su empresa exitosa, si no que desarrollará más todas las potencias que pueda.

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